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Podría decirse que el archiconocido término “Publicidad”, vivió sus años dorados en la ruidosa y siempre viva Madison Avenue de los años 60’. Tormentas de ideas plagadas de nubes de alcohol y tabaco, eran el motor de arranque para una buena idea publicitaria que llegara al corazón del consumidor. ¿El medio? la creatividad, palabra mágica que a día de hoy, atormenta las cabezas de miles de publicitarios que se devanan los sesos para ser mejores que la competencia, o mejor dicho, diferentes. Con la creatividad y sus nuevos tintes enganchantes, vinieron grandes campañas de publicidad, productos que se vendían con endulzantes y pegadizos jingles tarareados en miles de hogares.



A partir de los años 60’, sufre un importante cambio el enfoque tradicional de la publicidad tal como se utilizaba en años anteriores. Surge el método llamado ” Gran Idea”. Se abandonaron los textos extensos y se sustituyeron por combinaciones de imágenes y eslóganes con gancho, que te convenciesen. Esto ha sido conocido como la “Revolución Creativa”. Intuyeron que para captar la atención del público, tendrían que llegar hasta el buen humor y el subconsciente de la gente, es decir, sus mensajes tenían que ser divertidos. Así pues, las grandes agencias de publicidad de Madison Avenue contrataron a grandes talentos como el famoso publicista Taschen.

 

 

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El principal exponente de toda esta corriente creativa, fue el publicitario Bill Bernbach, director creativo de la hoy conocida Agencia de Publicidad Grey, el cuál utilizó como fuente de inspiración una dimensión humorística sobre las características del propio producto. Así, el público era sorprendido mediante un mensaje “honesto” que no pretendía exagerar los beneficios del producto. Aquí nacía un nexo de unión entre el consumidor y el producto que llegará hasta nuestros días.

No podemos dejar de reseñar, los constantes tintes sexistas que teñían (a día de hoy todavía se ven) los eslóganes de la época, donde el papel de la mujer siempre quedaba relegado a estar dentro de la cocina  y teniendo un hogar en perfecto estado de revisión a la llegada del hombre trabajador.

 

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Un perfecto packaging para envolver esta época de gloria creativa, tiene nombre, Mad Men, serie de televisión creada y producida por Matthew Weiner.
La serie, ambientada en los años 60′, nos cuenta los éxitos y desavenencias de una ficticia agencia de publicidad y sus empleados. “Mad Men”, era un término del argot acuñado en la década de 1950 por los publicistas que trabajaban en Madison Avenue para referirse a sí mismos. Nuestro Mad Men por excelencia tiene nombre propio, Don Draper. Podría decirse que engloba todas las cualidades de un publicista de pro de la época, impecable presencia, doble moral con familia “perfecta” y amantes varias, y sobretodo, comprometido con su trabajo, utilizando el alcohol como trampolín para triunfar en lo profesional y fracasar en lo personal.
Don Draper vive por y para la publicidad. Exponer su propia vida, le sirve para conseguir una campaña de éxito con la conocida marca fotográfica Kodak.

 

¿era la publicidad mejor en los 60… o simplemente sentimos nostalgia de esa época?

 
   

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